
CONTRA LA REEDICIÓN DEL TERRORISMO DE ESTADO DESDE COLOMBIA
Los
pueblos paraguayo y latinoamericano deben estar alertas al papel que
cumple el gobierno actual de Colombia en América Latina.
Los
representantes de los poderes fácticos dentro y fuera del gobierno, así
como los desubicados o mal informado (dentro y fuera del gobierno)
ponderan, elogian y agradecen a los asesores militares y policiales de
la dictadura terrorista de Álvaro Uribe, en tanto cuestionan y piden la
destitución del general de ejército Luis Bareiro Spaini, Ministro de
Defensa, quien es un digno defensor de la soberanía nacional contra la
intromisión de potencias extranjeras en nuestras cuestiones internas y
un leal partidario de los cambios democráticos, patrióticos y
progresistas que eligió nuestro pueblo el 20 de abril de 2008.
La
histórica injerencia norteamericana en la región, es una constante que
viene padeciendo nuestro continente, sojuzgado desde los albores de su
independencia política por los imperios de turno que dominaron el
mundo. En esos años, el Imperio capitalista británico, y desde
principios del siglo XX, por el imperio capitalista norteamericano.
En
función a esos propósitos colonialistas, así como ese primer imperio
utilizó gobiernos serviles para sacrificar a nuestros pueblos, y en
particular a nuestro país en la guerra del ‘70, hoy Colombia está
cumpliendo el papel de enclave para ejercer un forzado y criminal
control a los nuevos intentos de liberación en nuestra sufrida
Latinoamérica.
El gobierno actual de Colombia, cercenando su
soberanía, abrió desde hace tiempo sus puertas a la instalación en su
territorio de bases militares norteamericanas y desde ahí, so pretexto
de luchar contra el terrorismo, expande hoy la política criminal
implementada en su territorio.
Esa socorrida justificación de
luchar contra el terrorismo exportando su malsano modelo a países como
el nuestro, sin embargo, no tienen ni el sustento ni la eficiencia ni
la autoridad moral para dictar cátedras de lucha contra el terrorismo.
Colombia es un país que tiene seis décadas de guerra civil y no puede
resolver el problema endémico de la violencia, que estremece de pánico
a toda su población.
El gobierno actual de Colombia, cuyo
presidente estuvo apuntalado desde su campaña por el narcotráfico, como
demuestran los documentos desclasificados del Archivo Nacional de
Seguridad de los Estados Unidos (1) que dan cuenta de sus conexiones
con el capomafioso Pablo Escobar Gaviria, está montando un dispositivo
criminal de paramilitares que se dedican a masacrar a ciudadanos que no
condicen con la política entreguista del mismo en el presente. Desata y
promueve hordas de descuartizadores de seres humanos a lo largo y ancho
del pais. Cientos de niñas y niños de las zonas marginalizadas y
rurales de todo el país, son obligados de manera abominable a la
práctica de aberraciones y vejaciones en lo que han dado en denominar
sus “PRUEBAS DE FUEGO”.
En esa atmósfera infernal han sido
asesinados impunemente por esas hordas del terror, miles de dirigentes
sindicales. Hace apenas unas semanas fue encontrada una fosa común con
2000 cuerpos descuartizados en La Macarena, departamento del Meta, sin
que muchas de las emblemáticas organizaciones de Derechos Humanos ni
los medios de comunicaciones se hayan hecho eco de lo que es
considerada la mayor fosa común de la historia contemporánea del
continente americano.(3) Desde 2005 el Ejército, desplegado en la zona,
ha estado enterrando allí miles de personas, sepultadas sin nombre.
Esto es un asunto grave para el Estado Colombiano, pero sus mass-media,
y los mass-media internacionales, cómplices del genocidio, que se han
encargado de pasarla casi totalmente bajo silencio, cuando para
encontrar una atrocidad parecida hay que remontarse a las fosas nazis.
En
Colombia, la Estrategia Paramilitar del Estado Colombiano, combinada
con el accionar de policías y militares ha sido el instrumento de
expansión de Latifundios. El Estado colombiano ha desaparecido a más de
50.000 personas a través de sus aparatos asumidos (policías,
militares), y de su aparato encubierto: su Estrategia Paramilitar. (2)
El Estado colombiano es el instrumento de la oligarquía y las
multinacionales para su guerra clasista contra la población: es el
garante del saqueo, la Estrategia Paramilitar se inscribe en esa lógica
económica.
La más vergonzosa entrega del territorio al imperio
norteamericano, es la anuencia del gobierno de Uribe a la instalación
de siete bases militares norteamericanas, que no tienen otro propósito
que desde ahí controlar e impedir que los gobiernos progresistas de
Venezuela, Ecuador y Bolivia puedan consolidar sus políticas
autonómicas libres del arcaico colonialismo capitalista.
Desde
el gobierno colombiano, nuestro país está incursionado por efectivos
policiales, militares y de inteligencia con los auspicios de EEUU,
siempre con el pretexto de combatir el terrorismo, desde la
ineficiencia, que a la luz de las evidencias más que combatir el
terrorismo, desatan el mismo clima de terror de Colombia, persiguiendo
y reprimiendo a dirigentes sociales.
Convocamos a toda la
ciudadanía a una posición frontal contra esta afrenta a nuestra
soberanía, porque si la misma cobra fuerza, volveremos a los oscuros
capítulos de crimen y luto que ha desatado el terrorismo de estado
stronista con los auspicios de los EEUU.
Ya mucho ha sufrido
muestro pueblo y los demás de Latinoamérica con el fascismo imperial
norteamericano a través de dictaduras militares y si no impedimos a
tiempo, corremos el grave riesgo de repetir esa macabra historia.
¡FUERA FUERZAS TERRORISTAS COLOMBIANAS DE NUESTRO SUELO!
ABAJO LA REEDICIÓN DEL TERRORISMO DE ESTADO EN EL PARAGUAY!
VIVA NUESTRA SOBERANÍA!
PARTIDO
COMUNISTA PARAGUAYO
Asunción, 4 de marzo de 2010